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| LA VOCACIÓN DE JEREMÍAS - Jer.
1, 4-12 |
A) Conocido y amado desde siempre
por Dios (1, 4-8)
ENTONCES LA PALABRA DEL SEÑOR VINO A MÍ DE ESTA MANERA:
ANTES de modelarte en el seno materno, te conocí,
ANTES que salieses de las entrañas te consagré, como profeta de las naciones te puse.
YO dije: "¡Ay, Señor! ¡Mira que no sé hablar, que soy un muchacho!"
Y ME DIJO EL SEÑOR:
No digas: "soy un muchacho",
PORQUE a todo lo que yo te envíe irás
y todo lo que yo te mande hablarás
No les tengas miedo
PORQUE contigo estoy para salvarte. ORACULO DEL SEÑOR
B) Un signo de que la Palabra del Señor se cumplirá (1, 9-12)
ENTONCES alargó el Señor su mano y tocó mi boca
Y ME DIJO EL SEÑOR:
MIRA, he puesto mis palabras en tu boca.
MIRA, te encargo desde hoy mismo
sobre las gentes y sobre los reinos
para arrancar y derribar,
para perder y demoler,
para reconstruir y plantar.
ENTONCES LA PALABRA DEL SEÑOR VINO A MÍ DE ESTA MANERA:
¿Qué estás viendo Jeremías?
"Una rama de almendro ("vigilante") estoy viendo".
Y ME DIJO EL SEÑOR:
"Bien has visto. Pues "vigilando" estoy yo para cumplir mi palabra".
1. Ambientación del texto
A Jeremías le tocó vivir una época difícil, pues pasó de unos años de
prosperidad e independencia en su juventud que despertó muchas esperanzas, a una época de rápida
decadencia que va a culminar en el 586 a.C. con el asedio de Jerusalén, su destrucción por parte
de los babilonios y la deportación forzosa de parte de la población que nos recuerda a los refugiados
de nuestras últimas guerras de Bosnia y Ruanda. Sabemos que recibió su vocación en el año
627 siendo todavía muy joven, tendría unos 24 años. Fueron 40 de predicación profética
en medio de su pueblo, años dramáticos en los que pasó de todo. Jeremías mantuvo una
enorme fidelidad a la Palabra de Dios en medio de todos esos avatares históricos, a pesar de que muchas
veces esta Palabra no gustaba y no era aceptada por el pueblo que estaba a merced de gobernantes sin escrúpulos
y falsos profetas. Jeremías fue acusado de derrotismo y de idealista por parte de su pueblo, perseguido
y encarcelado.
Después de la destrucción de Jerusalén, Jeremías huye a Egipto con un grupo de su pueblo
en donde busca refugio, probablemente murió allí. Al final de sus días, y en medio de la catástrofe
que estaba viviendo su pueblo, la voz del profeta resonaba como un grito de esperanza envuelto en un llanto por
todas las víctimas inocentes:
"En Ramá se escuchan lamentos y un llanto amargo; es Raquel que llora inconsolable
a sus hijos que ya no existen. Así dice el Señor : reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto
(...) Hay esperanza para tu futuro : volverán los hijos a su tierra." (Jer 31, 15 - 17)
2. Una misión que le hacía poca gracia
En este texto nos encontramos con la narración del encuentro más importante que tuvo Jeremías
con la Palabra del Señor, fue su primer encuentro, un encuentro de juventud, su vocación. Hemos dividido
el texto en dos partes para facilitar su lectura, y en la primera parte Jeremías nos cuenta en primera persona
su reacción ante este encuentro.
Jeremías no se siente atraído para nada hacia esta misión que el Señor le encomienda
de ser profeta, él sabe que ser profeta es ser portavoz de la Palabra del Señor en medio del pueblo,
palabra trueno siempre es bien recibida por todos. Por eso el joven Jeremías objeta que no sabe hablar y
que es sólo un muchacho. Piensa Jeremías que lo mejor es pasar desapercibido, estar callado, es una
manera de huir de esa responsabilidad a la que la Palabra del Señor le está llamando.
Pero el Señor deja bien claro a este joven que quién está detrás de todo esto es él.
No se ha fijado en Jeremías por su buen hablar o por sus cualidades sino que desde siempre había
pensado en él como profeta. Por eso no hay razones para el miedo o la desconfianza. El miedo, las ganas
de huir y estar callado, deben ser superadas con la confianza de que el Señor mismo está detrás.
La expresión "contigo estoy" es frecuente en la Biblia, al igual que lo fue con Moisés
el Señor será para Jeremías un compañero de viaje. Resulta iluminador hacer una lectura
de todo el libro de Jeremías comprobando cómo se cumple esta promesa a lo largo de toda su vida.
Hubo momentos en la vida de este profeta en los que trató de huir de esta misión, momentos en los
que prefería decir palabras hermosas que a la gente les gustaba oír, y no aquellas denuncias que
debía pronunciar. Hasta llegó a prometerse que nunca más hablaría en nombre del Señor.
Pero la promesa del Señor le devolvía pronto a la realidad, Jeremías mismo nos lo cuenta así:
"Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido
en mis huesos, y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía." (Jer 20, 9)
3. Un gesto y una visión que abren a la confianza.
El gesto de tapar la boca
La boca del profeta es purificada por un gesto del Señor, como en Is 6 y Ez 2, otros dos textos de vocación.
La boca es el órgano externo de la comunicación y del habla, con las palabras que salen de nuestra
boca nos relacionamos. En la Biblia la palabra boca se combina muchas veces con un órgano interno como es
el corazón y que tiene un significado amplio de interioridad, coraje, temperamento, entendimiento y conciencia;
es decir, el "Yo Responsable." Jesús lo dice claramente:
"Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro
saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas." (Mt 12, 34-35)
La boca de Jeremías debe pronunciar esta Palabra del Señor, palabra que él siente en su interior
como "fuego ardiente", como ya hemos leído, y que va a ser una palabra para denunciar y también
para consolar. Seis (6) verbos definen lo que va a ser el mensaje de Jeremías como portavoz de esta Palabra,
cuatro verbos expresan denuncia y condena: arrancar / derribar / perder / demoler.
Esta condena no es un capricho del profeta, expresa las consecuencias que traen la actitud de rechazo de la Palabra
del Señor por parte de algunos sectores del pueblo, actitud que va ser la responsable del sufrimiento inocente
de mucha gente. Estos verbos resuenan en aquellas palabras de Jesús:
"Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será
como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena : cayó la lluvia, vinieron los torrentes,
soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y se derrumbó, y fue grande la ruina" (Mt 7,
26-27)
Pero las palabras que debe pronunciar Jeremías también tendrán como misión reconstruir
y plantar. Son 2 verbos positivos frente a los 4 negativos que ya hemos mencionado. Aunque a Jeremías le
tocara a su pesar denunciar las injusticias, la palabra que él debe proclamar será también
de consolación y esperanza. De hecho estos dos verbos positivos van a marcar toda la vida del profeta, Jeremías
va a insistir en medio de la desolación en la que se encuentra su pueblo en la esperanza, porque el Señor
aprieta pro no ahoga (podemos leer para ilustrar esto el capítulo 18: "En el taller del alfarero",
y el capítulo 42,10).
La visión de la rama de almendro.
El almendro es el primer árbol en florecer y el último en dar fruto contempla probablemente hacia
el final del invierno o incluso antes, una rama de almendro florecida. El almendro se dice en hebreo saqed, y suena
muy parecido a soqed, que significa : "vigilando" o "vigilante". ¿Qué quiere
decir esto? Pues sencillamente que al igual que el almendro (saqed) es el árbol que más atento está
esperando el final de invierno para florecer, así está el Señor de atento y vigilante (soqed)
para cumplir su palabra.
Tanto en el gesto de tocar la boca de Jeremías como en esta visión d la rama de almendro he marcado
con letra especial "mis palabras / palabra" referidas a la palabra del Señor. El Señor
trata de hacer ver Jeremías que él está detrás, y esto debe darle confianza y entereza
par cumplir con su misión de profeta. Jeremías debe preocuparse y afanarse por llevar esta palabra
a todos, del cumplimiento se encarga el Señor.
Pistas para la reflexión
Las dos partes que he marcado en el texto nos muestran los dos momentos de muchos itinerarios vocacionales, un
primer encuentro con Dios en donde no sabemos muy bien lo que nos ocurre, estamos inseguros, nos sentimos pequeños,
Pero en este primer momento experimentamos que Dios nos ama, se ha fijado en nosotros. En un segundo momento ya
no somos nosotros mismos lo más importante, sino que la Palabra de Dios se va abriendo paso en nuestras
vidas y nos va mostrando un camino en el que sólo Dios conoce el final. En el texto de la vocación
de Jeremías comprobamos como el YO del profeta es muy importante en la primera parte, pero en la. segunda
lo importante es la palabra del Señor.
Un itinerario vocacional siempre empieza por uno mismo, pero no puede acabar en nosotros mismos. Somos el punto
de partida, pero no somos la meta.
En los evangelios encontramos a un joven inquieto que un día se acercó a Jesús para preguntarle,
este persone ilustra los dos momentos de los que estamos hablando, él se quedó anclado en el primero:
"Se ponía Jesús en camino cuando uno corrió a su encuentro, y arrodillándose
ante él, le preguntó: 'Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida
eterna?' Jesús le dijo: '¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya
sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto,
honra a tu padre y a tu madre'. Él entonces le dijo: 'Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud'.
Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: 'Una cosa te falta: anda, cuanto tienes
véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme'.
Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes"
(Mc 10, 17-22 / Mt 19, 16-22 / Lc 18, 18-23)
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