LA VOCACIÓN DE S. PABLO - Hech. 9

Saulo nació en Tarso de Cilicia hacia el año 10 de nuestra era. Pertenecía a una familia judía de la tribu de Benjamín pero, al mismo tiempo, era ciudadano romano.

Ya desde su juventud recibió de Gamaliel, en Jerusalén, una profunda educación religiosa según las doctrinas fariseas. Encarnizado perseguidor, al principio, de la Iglesia naciente, estuvo complicado en la muerte de Esteban.

En este contexto podemos profundizar en la vocación de Saulo:

"Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a llevarse detenidos a Jerusalén a todos los que seguían aquel camino, hombres y mujeres.
En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente una luz celeste relampagueó en torno a él. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía :
- Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Preguntó él:
- ¿Quién eres, Señor?
Respondió la voz:
Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que tiene que hacer.
Sus compañeros de viaje se habían detenido mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía.
De la mano lo llevaron hasta Damasco, y allí estuvo tres días sin vista y sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, de nombre Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
- Ananías!
Respondió él:
_ Aquí estoy, Señor.
El Señor le dijo:
- Ve a la calle Mayor, a casa de Judas y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando y ha tenido una visión: que un hombre llamado Ananías entraba y le aplicaba las manos para que recobrase la vista.
Ananías contestó:
- Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén; y aquí tiene poderes de los sumos sacerdotes para detener a todos los que te invocan.
El Señor le dijo:
- Anda, ve, que ese hombre es un instrumento elegido por mí para darme a conocer a los paganos y a sus reyes, además de a los israelitas. Yo le enseñaré cuanto tiene que sufrir por mí. (Hechos 9,1-19)


Saulo respira amenazas de muerte contra los cristianos.

Todavía no los llaman así; los discípulos son los que siguen" el nuevo camino" del Señor. Saulo está convencido de su equivocación y los persigue a muerte.

Así, pues, se dirige a Damasco, con autoridad y poderes de los Sumos Sacerdotes, para hacer prisioneros y llevarlos a Jerusalén.

Pero en el camino de Damasco, el Señor entra en la vida de Pablo. Y lo primero que ocurre es que Pablo cae en tierra. Entonces, desde ahí, viene la llamada.

Sólo desde el suelo, sólo cuando ha caído del caballo, cuando ya no hay papeles de los sacerdotes que valgan, cuando ya no hay autoridad que imponer, ni orgullo que defender, puede Pablo escuchar la llamada: "Saulo, Saulo".

Y queda ciego; no ve nada, no entiende nada. Sólo tiene que hacer lo que le digan. Y entonces encuentra a Jesús, en la Iglesia de Damasco, a través de Ananías que le desvelará la oscuridad y la ceguera.

Así Pablo, podrá recibir, junto con la llamada, la misión de anunciar el Evangelio a los gentiles.

Desde ese momento, Pablo queda "tocado" por Jesús, su vida queda trastocada radicalmente. Dios es todo para él y a Dios sirve con una lealtad absoluta, predicando a Jesús cuando ha comprendido que sólo en él está la salvación.

Pablo traduce esta misión en una vida de entrega total e incondicional al servicio de aquel a quien ama. Trabajos, fatigas, padecimientos peligros de muerte... nada cuenta a sus ojos con tal de cumplir la tarea de la que se siente responsable. O mejor, todo eso es de gran valor porque le configura con la muerte y la cruz de su Señor.