UN LOCO POR JESÚS

Ignacio Requena Tomás
Diócesis de Albacete


1.- ¿Cómo surgió mi vocación? La vocación es un proceso; en este proceso son muchos los acontecimientos y las personas que te ayudan a ir descubriéndola. Yo desde niño siempre he estado ligado a la parroquia de mi pueblo, primero en catequesis, en el grupo de monaguillos, más tarde como catequista ... En todo este tiempo fui conociendo a Jesús y aprendiendo a vivir mi fe con el ejemplo de la gente que me rodeaba, pero sobre todo lo que más admiraba era el trabajo de los sacerdotes de mi parroquia, una vida de entrega, personas felices siguiendo a Jesús. Ellos me ayudaron a ir descubriendo lo que el Señor quería de mí y un buen día decidí ir al Seminario.
El Seminario es el lugar adecuado para ir descubriendo y cultivando la vocación, preguntándole al Señor: Señor, ¿que quieres de mí?, aprendiendo a responder a su llamada. En el Seminario te ayudan a madurar en la fe, en los valores evangélicos y sobre todo, en la amistad con Jesús. Esto es lo más importante, nadie puede plantearse el ser sacerdote sin estar “loco” por la figura de Jesús, desde Él todo cobra sentido, se descubre el gusto por la oración, y el ir viviendo con el ejemplo de su vida: servicio, entrega, sencillez de vida ...

2.- Dificultades y alegrías en mi camino vocacional. En este proceso de seguimiento del Señor y formación te encuentras con dificultades, hay momentos de confusión. Dudas de si vas a ser capaz de estar a la altura de lo que el Señor te pide, ves tu pequeñez y la grandeza de la misión que se te va a confiar. Sin embargo te encuentras con el testimonio y la ayuda de tantos compañeros que ves felices en su ministerio como sacerdotes, gente ilusionada y entregada. Desde Jesús tu vida tiene sentido y seguir otro camino seria traicionarle y traicionarte a ti mismo.

3.- ¿Para qué quiero ser sacerdote? Al mismo tiempo aquello que vives tienes que transmitirlo, tu vivencia, tu encuentro con el Señor te impulsa a salir hacia los demás. Anunciar eso mismo que tu vives para ayudar a que otros tengan la misma experiencia. Así veo mi ministerio, el don recibido hay que transmitirlo. El seguimiento de Jesús te lleva a darte y entregarte a los demás.

4.- Texto como lema de mi vida. Y todo esto siendo consciente de que “llevamos este tesoro en vasijas de barro”, (2 Cor 4,7). Vivir la vocación desde la grandeza y responsabilidad del don recibido y al mismo tiempo viendo la debilidad y pequeñez de quien tiene que ponerse al servicio del Señor.